Es necesario soñar
- Ana Laura

- 8 feb 2024
- 2 Min. de lectura
Hoy temprano, parada en el tráfico con mi hermana, escuchaba, como todas las mañanas, un programa de actualidad y debate en la radio. En alguno de los temas que estaban analizando, que para esta historia es irrelevante, uno de los presentadores hizo el comentario: “El problema es que en este país se sueña gratis”. Como si eso fuera algo malo.
Así que, siendo fiel a mi personalidad de sobre-pensadora, me quedé dándole muchas vueltas al asunto, hasta que llegué a la conclusión de que NECESITAMOS soñar, sobre todo cuando estos sueños parecen imposibles, y les voy a explicar por qué.
Vivimos en un mundo lleno de caos. Todos los días estamos expuestos a situaciones negativas, malas noticias, tragedias, tristezas y decepciones. Soñar nos permite enfocarnos en lo positivo. Creer que cosas buenas, emocionantes y extraordinarias también pueden sucedernos a nosotros.
Pensar que todo lo que puede salir bien va a salir bien puede parecer loco, pero yo lo considero necesario.

Es común que nos enfoquemos en mantener nuestras expectativas a raya, que tratemos de no hacernos ilusiones y de no construir castillos en el aire. Esto sucede porque tenemos miedo a decepcionarnos, miedo a fallarnos a nosotros mismos ¿Qué pasa si las cosas no salen como queremos?
Entonces soñamos en pequeño, o dejamos completamente de soñar. Si no esperamos nada, ¿qué podemos perder? Más que un mecanismo de defensa, esta forma de ver la vida termina convirtiéndose en una carga, porque vamos por el mundo con nuestras defensas activadas.
Nos ponemos límites imaginarios, dejamos de animarnos a probar cosas nuevas para no ser rechazados y evitar la decepción. Básicamente, nos convertimos en una versión mediocre de nosotros mismos y nos excusamos con que las cosas buenas sólo le suceden a los demás.
Siendo sincera con ustedes, creo que la vida puede ser muy difícil y dura, incluso para las personas que sueñan, lo intentan y se esfuerzan. La diferencia es que esas personas pueden dormir tranquilas sabiendo que al menos lo intentaron y encontrar consuelo en que dieron lo mejor de sí. El fracaso es culpa de la vida; no de ellos.
También estoy muy consciente de que soñar ya es un privilegio en sí. Hay muchas personas a las que, en primer lugar, nunca se les permitió tener la capacidad de soñar. Aprovechemos que nosotros sí tenemos este privilegio. Soñemos seguido, en grande y sin pedir perdón.
El mundo en que vivimos, con todos los descubrimientos y avances científicos que conocemos existe gracias a la audacia de las personas que creyeron que era posible, aquellas que apostaron en sí mismas y dejaron volar a su imaginación.
Perdamos el miedo a apuntarle a las estrellas. Démonos permiso de ser quienes queramos ser, incluso si aún no tenemos el plan completamente armado. Dejemos de pensar en que necesitamos instrucciones o un plan de acción: creémoslos nosotros mismos.
¿Cómo podemos hacerlo? Creo que funciona de diferente manera para cada quién. Personalmente, animarme a hacer algo que siempre había querido y que me daba mucho miedo: escribir (y más aún hacerlo público, así que más concretamente: este blog). Me encantaría poderme dedicar a esto a largo plazo y estoy dispuesta intentarlo, sin importar cuánto tiempo me lleve y cuántos obstáculos aparezcan en el camino.
El no ya tengo, ahora voy por el sí.



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