Dejar ir...
- Ana Laura

- hace 20 horas
- 2 Min. de lectura
…porque a veces es necesario.
Con el tiempo me he dado cuenta de que casi todo lo que escribo está inevitablemente influenciado por el momento que estoy viviendo. Mis reflexiones no nacen en abstracto, sino desde donde estoy parada. Desde lo que entiendo, pero sobre todo, desde lo que estoy intentando entender.
Hace algún tiempo escribí sobre el mindfulness: esa idea que nos invita a elegir el “dejar ser” en lugar del “dejar ir”. Parte de algo muy simple: aquello que más nos importa suele ser también lo más difícil de soltar. Y si realmente fuera tan fácil dejarlo ir, probablemente ya lo habríamos hecho.
Pero hoy me encuentro en un lugar distinto frente a esa idea.

El año pasado terminó de una forma que no habría podido anticipar. Y con ese cierre vinieron cambios que no estaba preparada para sostener. Pasé semanas navegando entre el miedo y la incertidumbre, tratando de entender cómo había llegado ahí. Y eventualmente tuve que hacerme cargo de algo incómodo: que muchas de mis decisiones —y, en algunos casos, la ausencia de ellas— me habían llevado exactamente a ese lugar.
Aprendí, un poco por las malas, que no decidir también es decidir. Que no poner límites claros no evita el conflicto, solo lo pospone. Y que, muchas veces, dejar ser no es lo mismo que estar en paz, sino simplemente estar cediendo.
Entonces empecé a cuestionarme. ¿Es realmente suficiente dejar ser? ¿O hay momentos en los que sostener el timón también es una forma de respeto hacia uno mismo? Porque aceptar la inevitabilidad de lo que sucede a nuestro alrededor no debería implicar desaparecer dentro de ello.

Hoy puedo ver que, en ese intento de fluir, muchas veces lo que hice fue dejarme llevar. Por las circunstancias, por los tiempos de otros, por decisiones que no eran mías. Y en ese proceso, sin darme cuenta, me fui alejando de mí. No fue algo abrupto. Fue sutil, casi imperceptible.
Pero lo suficiente como para un día detenerme y no reconocer del todo quién estaba siendo. Y quizás de eso se trata este momento. No tanto de reconstruirme de inmediato, sino de permitirme primero deconstruir. De cuestionar lo que daba por hecho. De soltar versiones de mí que ya no se sostienen, incluso si en algún momento me hicieron sentido.
Dejar ir, entonces, deja de ser solo una idea difícil y se convierte en un acto necesario. No porque sea fácil. No porque no duela. Sino porque a veces es la única forma de volver a encontrarse.



Comentarios